Por Marisa Cano
La esmeralda siempre ha ocupado un lugar especial en la alta joyería. Su valor no depende solo de su belleza, sino de su rareza. Encontrar una esmeralda con color verde intenso, buena transparencia y equilibrio natural es mucho más difícil que en otras gemas.
A diferencia de los diamantes o los zafiros, la esmeralda casi siempre presenta inclusiones naturales —su famoso “jardín”—, y precisamente por eso una piedra limpia y bien saturada es excepcional. Además, la calidad del color influye enormemente en su precio: cuanto más profundo, vivo y homogéneo sea el verde, mayor será su valor.
También el origen marca la diferencia. Las esmeraldas colombianas, por ejemplo, son especialmente apreciadas en el mercado internacional.

Para mí, la esmeralda no es solo una piedra preciosa. Es profundidad, carácter y una elegancia que no necesita exageración.
Aparte de otras características, es muy importante su diseño, que ensalce su belleza.

